viernes, 24 de octubre de 2014

Con los ojos casi abiertos


 Escucho la música
más fuerte
que mi mente.

Me concentro
y pierdo
la noción del beso
que me ibas a dar.

Odio no verme
en el momento justo
en el que me das ese beso,
porque es de la única manera
que me vuelvo de color.

Quizás sea
eso del temor
lo que no me deja
abrir los ojos para poder
verte.

Quizás,
por eso me paso
la mayor parte del tiempo

sintiendo,
más que besando.

¿Puedo abrir ya
los ojos
y beber(te)
en tú ciudad?

Quisiera ser otra persona
para ver de qué color
me pongo al darte
el primer beso
del día.

Así que le dije que me gustaba
ser su color preferido.


Me dijo que le gustaba
hasta en blanco y negro.          





Poema inspirado en una ilustración de Andrea Vega.




   

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