domingo, 26 de enero de 2014

Vida

Disgustado, ahorcado y deprimido.
Entusiasmado, impotente e irremediable.
Así son todos los días de mi vida
así son dos caras de la misma moneda.

El mar que llama a las nubes para que bajen
y ellas que no quieren, que les da miedo bañarse.
El sol que grita a la luna para que aparezca,
y la luna llega, pero tarde, y el sol ya se ha ido,
es entonces cuando llega la oscuridad
y la luna no brilla de alegría,
brilla de angustia de ser llamada y no encontrar a nadie.
Nadie piensa en la luna, sólo se piensa en el sol,
nadie piensa en las nubes, sólo en el mar.

Odio irrefutable, inaudito y malestar en la cama,
tirado sobre sábanas que no saben mi nombre
y rodeado de objetos que no tienen valor.
Con ganas de saltar por la ventana aunque no haya vacío,
sólo importa el mero hecho de saltar,
parecer que estás loco
o que necesitas ayuda para que te quieran.

Amor, otra historia con el mismo protagonista
una agonía de personas que se envenenan
con los sentimientos, haciendo el dolor en nuestros ojos,
o rodeado de cosas que no tienen valor
o tirados sobre sábanas que no saben sus nombres.
En una cama, que no es de ninguno de lo dos,
es mía.

El verano igual que el invierno recorre nuestras venas,
porque sólo pensamos en ellas, no pensamos en nada más.
Adiós a la primavera y al otoño,
adiós a los que preparan lo verdaderamente importante.
Siempre nos adentramos en paisajes que nada tienen que ver,
con lo que queremos observar, pero no importa, nacimos para ello.

Os voy a ser sincero,
odio el dinero.
Siempre nos estamos vendiendo por él,
y yo no quiero estar en venta.


No hay comentarios:

Publicar un comentario